sábado, 24 de abril de 2010

Mi primer tatuaje


Pues bueno, la mayoría de la gente normalmente no tiene un tatuaje, eso es un hecho. Pero el pensamiento a cambiado mucho, y casi todos piensan se preguntan, ¿Y si no me gusta como me queda? ¿Y cuándo esté viejo como se me verá? Pues bueno a estas dos preguntas, dos respuestas muy simples: Te jodes, porque no hay vuelta atrás y si la hay, no pasa de ser una cicatriz horrorosa y un tratamiento demasiado costoso, y a la segunda, cuando estés viejo no creo que estés dispuesto a andar por el mundo sin camisa o sin ropa mostrando un tatuaje, en serio...

Caso tal que pues uno no deja de hacerse esas preguntas, pero igual siempre quise hacerme un tatuaje, me parecen del putas, eso si, nada de corazones sangrantes, ni corrientes católicas y mucho menos el nombre de alguien a parte de mi mismo, el tatuaje me dura mucho, el imbécil que tenga al lado en el momento, escasamente, mas sabiendo que una relación no me pasa de 6 meses.

Para muchas personas un tatuaje puede tener un significado profundo, o simplemente, güey no manches me tatuaría a piolín, todo es válido, no creas allá ellos si se ponen de pendejos a hacerse maricadas en el cuerpo, cada quien con su cuento. Pero en mi caso, pensaba en algo más profundo, no me considero religioso, o seguidor de un culto en especial, pero si me considero muy espiritual, considero que hay algo más grande que todos y que hay un Dios, y en especial si he creído mucho en las influencias del día que nacemos en nuestra personalidad y nuestras experiencias. Mi signo es virgo en el clásico misticismo, en el maya soy alacrán y mi kin es la serpiente roja cósmica, suena absurdo, y sé que lo es, a veces no puedo creer que creo en esas cosas, pero bueno nada que hacer, creo.

Después de una semana en que mis dos primas se hicieron tatuajes, me dije, a la mierda, deja la bobada y salí a hacerte el tatuaje de esas cosas en las que crees, ya sabía que quería el símbolo de virgo en mi espalda, la cosa es que no sabía cómo, le dije a mi hermanito que me acompañara, y le dije, y si usted se quiere hacer uno se lo doy de regalo de cumpleaños.
Llegamos al lugar, y un tipo se estaba haciendo uno gigante, al verle la cara de fastidio, confieso me fume hasta tres cigarrillos en los 15 minutos que me separaban de perforar mi piel para comenzar con el mío. Finalmente le comente lo que quería hacerme al artista grafico, y me diseñó algo sólo para mí, lo cual me alentó mas a hacérmelo, sería mi marca propia marca personal.

Me quité la camisa, había decidido hacérmelo en la espalda, en la parte baja del cuello, me comenta el tatuador, vas a sentir el primer pinchazo, pues que les digo, sí duele, pero no es un dolor que uno diga ¡Denme morfina!, es un dolor tolerable la mayoría del tiempo, sin embargo tiene sus momentos en los que simplemente aprietas labios, respiras hondo y te dices, ¿Por qué putas me dio por hacerme esta huevonada? La media hora se me hizo una hora, no veía la hora de que dejaran de escuchar el sonido de la aguja, pero bueno, ya no había vuelta atrás. Cuando finalizó la sesión, sientes una paz, y luego el ardor que te contrarrestan colocándote una masa absurda de vaselina en la espalda, y después te cubren con papel plástico y microporo. Sin plata para devolverme a mi casa, caminé con mi hermanito hasta la casa, él decidió no hacerse nada, cuando llegué a casa, estaban mis primas, con ganas de ver el tatuaje, pero yo quería mostrárselo primero a mi mamá, cuando volteo a mostrárselo sucede que es normal que uno sangre, ella pegó un grito, palideció y dijo-“Nunca pensé que fueras capaz de hacerte una cosa de esas”- la emoción del momento fue aplastada como solo una madre es capaz de hacerlo, y me dije, pendejo como sino supieras nada de ella.

Pasado el tiempo que me tenía que dejar el jodido plástico en la espalda, me fui a verme con el chico que andaba saliendo y sus amigas, conmoción a todos les encantó y muchos pensaron lo mismo que la mitad de la gente que conozco, aunque con el tono menos reacio del de mi madre, mas de sorpresa y no de disgusto. -“Nunca pensé que fueras capaz de hacerte una cosa de esas”- lo tomaba como un halago, pues pensaba que no han logrado conocerme lo suficiente.

Los siguientes días se volvieron tediosos, cremita que para que las costras no se caigan y sequen, el ardor incomparable de una cicatrización, y más aun, la piquiña que caracteriza a una herida sanándose, mis cobijas llenas de tinta, y de pedazos de mi carne y pensar que tenía que volver en un mes para el retoque, cuando volví el pinchazo fue más doloroso que nunca, mi piel estaba sanada, pero era aun una piel muy sensible, cuando terminaron me dije, y eso que aun me quiero hacer dos, y eso no ha cambiado, pero le daré tiempo a mi cuerpo, solo lo lacero con alcohol, nicotina y sexo distanciadamente por falta de personal. Pero no dejo de pensar que mi tatuaje me recuerda de cierta manera lo que soy, lo que quiero ser y lo que quiero cambiar. No es simplemente un capricho, sino algo que no quiero olvidar y que me recuerdo a diario, pues bueno al final ¿Quién no quiere trascender mas como persona?